Tanta mañana

Trato sin entender como volcar en mi cuerpo esa ansiedad de mono
Y viene ya la
asfixia, la ataxia asincrónica del recuerdo, obscenamente limpio, frío, ácido y entonces es inútil , camino, siempre estoy caminando.
Veo los rostros en las calles y adivino manijas que les nacen de sus ojos y los arrastran, son carne portátil.
Están ciegos por tantos atajos memorizados,
y
pienso en las llagas, en un mundo
de llagas, en el incendio de la niñez y sus secuelas. Vivimos
atravesando rastros de otros rastros y nadie puede velar tanta rabiosa
pasión por deambular
nunca ha sido creado un hombre con sentido, solo hay fábricas
de ancianos que se repiten,
infinidades de ancianos, babas del diablo que se entrecruzan
con la pestilente carroña. Pero ahí esta la
potente vida, hay que hundir las manos en la podredumbre,
en la fría podredumbre y lavarse de todos los cristos
para centrar la epilepsia, para sostener el latido, para
conservar las cuencas vacías y frescas.
¡cuánto prestigio animal perfuma nuestra desdicha!
consuelos, pañuelos, piedras, pérdidas, junio llegó con lluvias,
intermitentes,
heladas, bastaba mirar arriba, mojarse la cara, pero todo resiste, el hambre resiste, el sueño resiste, la noche resiste, el cansancio.
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Junto a mi esposa, preparamos
todo para una cena con amigos (una pareja amiga en realidad), que duró casi hasta el alba, secretos
compartidos, alcohol, esa íntima vergüenza de ser uno, siempre uno,
y atornillarse
a las prudencia para no
putear al sin-sen-ti-do, para evitar asustarnos mutuamente, en tanto yo recordaba esa amante, escupimos rosales enteros
en una larguísima noche de verano pura estrella y después tuvimos que
tragar las espinas, una a una, suplicando espacio para las cicatrices. Material. Huesos sin besos que
se lamen, cualquier perro puede olfatearlos a
kilómetros, tan alto, tan lejos, tan sucio,
tan pegado a la piel sudorosa.
Es ese odioso siamés que imagino hace tantos años, que mea su meada tibia entre mis entrañas con su
languidez, sé que debería matarlo, tal vez lo haga, es solo
juntar
las convicciones precisas, armar el todo paquete, ser preciso, dejar ese mar de perdiciones detallistas pero, pero, pero,
esa mirada idiota, esos labios barrosos, ¿que hago con ellos? ¿Cómo consigo que sobrevivan al cadáver?
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Mis hermanos y yo tuvimos tres madres muy parecidas y ningún padre que supiera culparse,
que supiera mentir, o siquiera predicar , el mundo adora eso, nuestro caos,
tanto inquieta que me tomé la costumbre de tomar notas de nuestros días, en casa hay varios cuadernos Rivadavia,
que de tanto en tanto reviso, azarosamente. "Salgo
porque acá todos están muertos y si no están muertos quisieran estarlo " "hoy compré dos paquetes de
cigarrillos
y entendí que la eternidad solo se consigue fumando" Otra:
"navidad, cerdo brillante y grasa blanca, sueños de una orgía de besos funerarios"
“Barro, mucho barro, los pies se entierran, la cabeza los desconoce” “mamá no sabe llorar” “mi hermano me contó que solo sueña con estatuas”
“Así son, están parados en la tierra o es la tierra la que los sujeta,
si ni idea tienen de lo poco que son, de la precocidad. Son fetos
de una humanidad que nunca existió, son espantos olvidados,
¿quién regula tales cosas? Julio, enero, julio, enero, y van quedando las
migajas, montañas de migajas, agrias, rígidas.
¿que voy a hacer? si las dos o tres maneras de estar siempre fueron
las mismas, artefactos superfluos, goma EVA, jabones “La Perdiz”
grisáceos, ajados,
medusas que se encastran con medusas, corriente que viaja
por un polo huérfano desde el occipucio
hasta un enchufe roto. Y después, quizá todo se ilumine, las maldiciones,
las bendiciones,
los ojos de los lagartos, las cucarachas, todo, y gusanos
translúcidos soltarán sus gelatinosas entrañas bajo la tierra.”
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Jueves, hoy tenía que venir alguien, estoy seguro, o casi,
y todavía no preparé nada, nada de resistencia, si me viera, si realmente pudiera
verme, pero va a estar acá un rato,
seguramente,
tragando café y cigarrillos, dejará alguna postal, esos engendros
que tan parecidos son a los rosarios, a los crucifijos,
a las pestes, a la peste bubónica, a la tráquea, a la lepra
que amontona cadáveres amoratados o perforados o casi líquidos
Llega y habla.

Aaaah!, pero ¿no sabes?
¡No-te-conté-seguro-que-a-vos-no-te-lo-conté!
Escuchá, escuchame bien, ¿te acordás del hombre ese que estuvo con nosotros aquel día del amigo, ese que vino y no era amigo de nadie, sabes de quién te hablo? Sí, sé.
Bueno,¿ te cuento? (a mí, la verdad, me importa una mierda) “Dale” -digo casi mordiéndome los dientes, y eso es todo
lo que necesita para abrir esa bocaza de
hiel piadosa, y se larga con su vómito
entusiasmado por esas suculencias
que lo regodean hasta empalagarme.
El tipo era un hijo de puta que me pidió un cigarrillo cuando yo estaba yendo para el
bar, ¿entendés? un faso así al pasar. Y me dice: "es el último que fumo"
me suelta una historia de enredos y pelotudeces que yo no podía seguir muy bien y por ahí se larga,
resulta que se iba a boletear por una mina, el muy boludo.

Y entonces-escuchá esto-
dos
días después lo encontré en un panadería, le brillaban los ojos,
y me habla como si continuásemos la charla de la vereda, sin saludo, sin nada de nada y en el tono mas neutro que te puedas imaginar, no sentencioso, neutro, dice: “ella no pudo soportarlo y se mató.”Hijo de una gran puta-pensé-vos sí que sabes amar."

Tanta mañana me esta atormentando,
hace días que es de mañana, siempre de mañana, y no hay manera de
olvidarlo. Es tan evidente la maldita mañana.