Lo único que hacía era buscar en Google. Eran búsquedas frenéticas, que lo arrastraban al paroxismo más abyecto o a la broma más improbable. Usaba toda clase de algoritmos, y había llegado a establecer un sofisma matemático que le devolvía en un bucle infinito, una infinita página, hecha de infinitas búsquedas de sus posibles errores. Más tarde fueron las cajas chinas, y la numeración de palabras concéntricas. Pero lo mejor vino cuando descubrió la búsquedas de palabras sin sentido que, sometidas a un caos riguroso, devolvían invariablemente sentencias para el espanto.
"Víctima del después" fue lo último que leyó, pero algo de la irrealidad iba a revelarse, era cuestión de tiempo.. Y, claro, ya no le quedaba mas tiempo.
Patricio Valverde Blog
Trance
Nosotros solos, nuestras monedas, nuestra conmiseración. Vivimos lejos de la ciudad, a un lado de la gran autopista. Vemos pasar innumerables hombres y mujeres solos tras sus volantes, mirando siempre lo mismo, es algo que que va a llegar. Y nunca llega. Los niños lo saben, por eso se ríen desde la parte trasera de los coches mientras señalan el camino que dejan atrás. De tanto en tanto también miran algún conductor que los sigue, y algunas veces les hacen gestos para romper su trance. Pero nunca resulta. Los hombres que conducen apenas si ven a los niños como a gatos pequeños que todavía no pueden comprender nada importante acerca de los gatos. Tampoco pueden ver que ya son verdaderos gatos, jugando con el tiempo incomprensible.